8.-Vida en Malqata

El yacimiento de Malqata, estaba repleto de objetos, frasquitos de perfume, fragmentos de anillos, cucharas cosméticas, mangos de espejos, tubos de khol, fichas de juegos, placas de fina loza para libros con los nombres del faraón y la reina, que nos indican que posiblemente el palacio dispondría de biblioteca o “casa de los libros”. Estas placas hacen referencia a libros sobre horticultura, quizás Amenhotep era aficionado a la jardinería. Como también es posible que lo fuera a las antigüedades, ya que se encontró una paleta predinástica que debería contar unos 2.000 años de historia en la que el faraón mandó añadir una imagen de Tiye.

El palacio estaría lleno de muebles soberbiamente tallados, ornado con ricas telas entre su exquisita decoración. Ricas vajillas de oro y plata en las que servirían delicadas exquisiteces regadas con vinos aromatizados con miel y especias entre otros ingredientes y cerveza dulce de cebada llamada “sermet”.

Los hombres y las mujeres de la familia real, usaban gran cantidad de joyas. El padre de Amenhotep III, había instaurado la moda de los lóbulos perforados. Los expertos en momias, nos cuentan de Tuthmés IV, que fue una especie de “dandy”de la época, de largas uñas y abundante pelo teñido, con los lóbulos de las orejas perforados, vamos, si realmente su supuesta momia corresponde verdaderamente a este rey. Tanto hombres como mujeres lucían elaborados modelos de pendientes, las mujeres de la familia real, eran aficionadas a los grandes aros o discos de oro. El uso de collares, podría decirse que era obligatorio, cadenas de oro de las cuales colgaban adornos de gran tamaño, collares de numerosas vueltas intercalando amuletos, cinturones guarnecidos de joyas y abalorios, ajorcas de metales preciosos, brazaletes de cuentas unidas a placas con incrustaciones de piedras semipreciosas.

Las mujeres de la corte de Amenhotep, aparecen representadas a la moda de la época, con peinados largos y voluminosos, que comportaban el mayor número posible de trencitas rindiendo homenaje a Hathor, Señora de las Trenzas. En los aposentos reales de Tiye, se halló un soberbio ejemplar de collar menat formado por miles de diminutas cuentas azules, piedras semipreciosas y amuletos, con muestras de deterioro debido a su uso en los ritos a Hathor. Casi podemos imaginarnos a aquellas mujeres, representantes terrenales de la diosa, encabezadas por Tiye portando la cobra o el buitre sobre su frente, vestidas de lino casi transparente adornado con bordados, plumas, lentejuelas o pedrería, agitando los sistros mientras movían el menat, invocando los poderes de la diosa a favor del faraón.“Sal al encuentro de la hermosa, el ornato de Hathor, señora de los cielos” cantarían frente a un Amenhotep sentado en el estrado del trono, rodeado de portadores de flabelos.

Al igual que los sacerdotes engalanaban a los dioses en sus capillas, el faraón era vestido a diario en la llamada “Casa de la Mañana” donde también se guardaban las vestiduras ceremoniales, coronas y cetros, siguiendo una antiquísima tradición. El baño, el afeitado y la aplicación de ungüentos, también realizado por los sacerdotes, se celebraban en un cuarto de baño existente detrás del salón del trono.

El palacio bullía de vida, sus mujeres, centenares de sirvientes, dignatarios extranjeros, guardias, y numerosos niños, aparte de sus propios hijos. Niños del kap, pequeños príncipes traídos de otras tierras para ser educados en la corte junto a otros hijos de nobles. Jóvenes fichas de intercambio en el juego diplomático.

Difícilmente reinaría el silencio en ese lugar, un tumulto de voces procedente de todos los rincones del mundo antiguo resonaría por todos sus rincones.

La base administrativa del rey, se amplió para seguir los rumbos trazados en el programa constructivo. Sujetos a constantes cambios y refinamientos, con monumentos erigidos y desmantelados si la situación así lo requería.

Al mando de planificadores, arquitectos, escribas y artistas se encontraba el principal guía y mentor del rey, Amenhotep hijo de Hapu. De humilde origen, venido al mundo en Atribis durante el reinado de Tuthmés III, había estudiado la profesión de escriba en la escuela del templo local. En una de sus estatuas conservadas se puede leer: “iniciado en los libros de los dioses y aprendí las palabras de Thot. Penetré en sus secretos y aprendí todos sus misterios, y me enseñaron todo sobre ellos.”
Amenhotep hijo de Hapu, consiguió extraer y transportar desde Gebel el-Ahmar en el norte, el material para construir dos monumentales estatuas del rey en cuarcita, cada una de ellas de veintiún metros de alto, y con un peso de setecientas toneladas en el momento de su erección. Los bloques esbozados, se colocaron en la entrada al templo funerario tebano del faraón. El rey indicaba en una inscripción cercana “Su altura se alza hacia el cielo; sus rayos caen sobre el rostro como Atón cuando brilla al amanecer.”

El faraón reconoció públicamente su alta estima por Amenhotep, se realizaron diversas estatuas de este, adornando la vía procesional que recorría todo el recinto del templo de Karnak. Se encargó de la educación de la hija mayor del rey y Tiye, Sitamón. Una estatua en forma de escriba sedente de edad avanzada, alude a su cargo de tutor en el palacio real. El texto de la inscripción nos dice: “He alcanzado los 80 años, el rey me halaga con sus favores, y pienso llegar a los 110” y continua más adelante mencionando su deseo de “llegar al cielo y fundirse con las estrellas, aclamado en el barco del dios del Sol.”

Y como recompensa por sus logros, Amenhotep hijo de Hapu, recibió el honor sin parangón de un templo mortuorio completamente decorado cerca de su señor.

No se sabe en que momento del reinado del faraón falleció Amenhotep. Pero podemos decir que su recuerdo sobrevivió mucho más tiempo que el de su ilustre señor. La posteridad conservó su nombre como un sabio, mago y hombre santo que en época ptolomaica llegó a ser venerado como un dios.

En el año 32 de su reinado, fallece Mutemuya, “Gran Esposa Real, Madre Del Dios”. Amenhotep pierde a la persona que le guió después de la muerte de su padre. Es enterrada en la gran sima situada en la cabecera del Valle de las Reinas, lugar consagrado a Hathor, e identificado con el seno de la Diosa, del que renacen los difuntos cada mañana. Allí también fueron sepultadas algunas esposas menores, princesas y damas nobles de la corte. A raíz del saqueo que sufrieron sus tumbas, fueron enterradas de nuevo en torno al año 1000 a. C. Aunque esta última tumba fue también saqueada en la antigüedad, en los vasos canopos y etiquetas de las momias que se han conservado, se han encontrado los nombres de una hermana del monarca, una esposa menor y una hija.

Amenhotep III, debió de empezar a volcar sus pensamientos en su propia mortalidad, por muy dios que fuera. Los padres de Tiye, habían fallecido durante los primeros años de su reinado, Anón, su cuñado e hijo de la pareja había muerto aproximadamente en su primer jubileo, su hijo mayor Tuthmés, dos hermanas suyas, su gran confidente y consejero Amenhotep hijo de Hapu, y ahora su madre Mutemuya se encontraban ya en los Campos de Ialu.

Las obras de su tumba en el sector oeste del Valle de los Reyes que habían dado comienzo al principio de su reinado, todavía estaban en curso. Pero parece que en esa época empezaron a almacenarse en su interior los objetos que deberían acompañarlo en el más allá. Y con ello, tendría que abordar el tema de la sucesión.

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