7.-Malqata

Malqata

Los monarcas anteriores se habían establecido en la capital tradicional, Menfis, y por norma general solo se habían trasladado a Tebas con motivo de festividades religiosas, fijando durante ese tiempo su corte en los edificios anexos al templo de Karkak. Pero Amenhotep, sobre el año 29 de su reinado se traslada de forma permanente con su corte a Tebas, a un palacio que recibió el nombre de “Casa de Nebmaatra esplendor de Atón”, el cual conocemos bajo el nombre árabe de el-Malqata, que puede traducirse como “el lugar donde se recogen cosas”reflejo de el tiempo que estuvo sin excavar, cubierto de fayenza azul brillante, cerámica pintada y otros artefactos.

Situado frente a su propio templo en Luxor, se extendía a lo largo de casi tres hectáreas y media. Sus principales zonas, giraban en torno de las habitaciones del propio soberano en el ala sudoriental. Contaba con salas de audiencias, despachos, gran salón de fiestas, almacenes, templo del dios Amón y un pabellón para la caza real. Al sur, la reina Tiye, tenía su complejo palacial independiente, en el norte, se encontraba el de la hija mayor de la pareja, la princesa Sitamón, junto a los aposentos del resto de la familia real, cientos de mujeres pertenecientes a la corte, y los séquitos de servidores y criados. Malqata, contaba además con grandes villas donde residían los altos dignatarios del faraón, edificios administrativos y taller de obreros.

Frente al palacio, se encontraba un enorme puerto con más de dos kilómetros de anchura, que unía la residencia real con el Nilo. El complejo palacial estaba construido en su mayor parte con adobe, los ladrillos ostentaban un estampado con los nombres del monarca. Los muros, cubiertos de estuco y el exterior pintado de blanco para refractar el calor, marcos de puertas y ventanas en madera o piedra.

Los interiores estaban pintados de vivos colores, azulejos de cerámica vidriada y brillantes incrustaciones. Las habitaciones privadas de las mujeres de la familia real, estaban decoradas con escenas de terneros y pájaros con pavimentos decorados con peces y aves silvestres, recordando las orillas del Nilo. En la gran sala de audiencias, de casi treinta metros de largo sus elevados techos estaban pintados con repetitivas imágenes de la diosa buitre Nejbet, protectora de la realeza, columnas decoradas con flores de loto de madera, y paredes adornadas con las figuras del soberano y su reina. El salón del trono, se encontraba en el extremo superior de la sala, su pavimento estaba pintado con las figuras de los enemigos de Egipto.

En el corazón del palacio se hallaba el dormitorio real con el techo decorado con sus nombres y títulos entre las alas de Nejbet, protegiendo el sueño real, El signo Ankh, y el dios Bes, decoraban sus paredes. El nivel del lujo existente en el palacio, se refleja en la presencia de numerosos baños, así como de jardines cercados de muros con estanques.

El palacio de Malqata fue descubierto por casualidad por Georges Daressy en la primavera de 1888. Hoy en día pueden distinguirse las ruinas de cinco áreas principales: apartamentos del rey, con salas de festivales asociadas, apartamentos de la reina; apartamentos para los cortesanos; una capilla dedicada al dios Amón; y un barrio de artesanos.

La nación más poderosa

Si algo caracterizó el reinado de Amenhotep III, fue una ausencia casi total de conflictos externos, el imperio era básicamente estable y seguro, aparte de una pequeña insurrección Nubia, el rey si no hubiera sido por sus cacerías de toros y leones, pocas oportunidades tuvo de demostrar su habilidad física, sus disputas internacionales se solucionaron de forma diplomática.

Durante ese tiempo, Egipto fue sin duda, la nación más poderosa del mundo antiguo, el imperio se extendía desde el Éufrates hasta Sudán. En el norte, los estados vasallos de Siria y Palestina. Su influencia llegó hasta el Egeo, en la Casa de los Ídolos de la ciudadela de Micenas, se han encontrado vasos y escarabeos con los nombres de Amenhotep III y su esposa Tiye, así como en Malqata restos de cerámica del Egeo. En las basas de algunas estatuas del rey, aparecen nombres como Cnosos, Micenas, o Alashiya (Chipre) Una estatua descubierta en las ruinas del templo funerario de Amenhotep en Kom el-Hetan, lleva inscritos una serie de catorce “anillos de nombres”, claramente reconocibles como topónimos egeos. En ellos figuran Festos, Micenas, Ilión y Cnosos, la hipótesis más probable es que trataran de una relación de los lugares de “tributo egeo para el rey. Gozaba de buenas relaciones con las grandes potencias, Babilonia, Arzawa, Mitanni, Siria. Existe una correspondencia diplomática conocida como “Cartas de Amarna”.

Descubiertas por una campesina al excavar entre las ruinas de esta ciudad en 1887, y escritas sobre barro en escritura acadio-cuneiforme, forman los archivos de lo que debió ser la “Casa de la Correspondencia del Faraón, ¡vida! ¡prosperidad! ¡salud!”.

Estos documentos se pueden dividir en dos grupos principales: la correspondencia del “gran rey” escrita directamente entre gobernantes que comienza alrededor del trigésimo año de Amenhotep III y los primeros de su sucesor, las cartas de los vasallos, que documentan disputas y rivalidades de diferentes gobernantes locales de Siria-Palestina, y textos míticos, silabarios y textos léxicos, quizás utilizados por el personal de oficina del rey.

En ellas, podemos atisbar el verdadero carácter de Amenhotep, práctico diplomático e incluso con sentido del humor, al oportunista rey de Babilonia o al cordial rey de Mitanni.
Las simpatías entre Egipto y Mitanni existían desde que su padre Tuthmés IV, había contraído matrimonio con una princesa de ese país, política que Amenhotep siguió con gusto. Cuando en el décimo año de su reinado sube al trono Shuttarna II como rey de Mitanni, su hija Kilujepa es enviada a Egipto. En la proclama publicada, después de los nombres del soberano, de la reina Tiye, de Yuya y Tuya, dice el anuncio: “traídas ante su majestad la hija del príncipe de Mitanni, Kilujepa, y las principales mujeres de su casa, en total 317”.

Veinte años después, Tuhratta accede al trono de Mitanni, y le envía una carta a Amenhotep recordándole el cariño existente entre su padre y él, le envía como regalo, seis carros con sus correspondientes tiros de caballos. A su hermana Kilujepa, le envia unos pendientes y un anillo de oro junto a un frasco de preciado perfume, y de pasada, le ofrece la entrega en matrimonio de su hija Tadujepa. Se tuvieron que hacer obras de ampliación en el palacio de Malqata, la princesa llegó acompañada de un séquito de 270 mujeres y 30 hombres.

El flujo de hijas de reyes siempre tenía la misma dirección, hacia Egipto. Está documentado un único caso en que un monarca extranjero, Kadashman-Enlil I de Babilonia solicitó en matrimonio una princesa egipcia, Amenhotep le respondió tajante: “desde tiempos inmemoriales, ninguna hija del rey se ha entregado a nadie”. El rey de Babilonia insistió: “Seguro ha de haber disponible la hija de alguien, una mujer hermosa y educada. Así pues, envíame una mujer hermosa como si se tratase de una hija tuya. Al fin y al cabo, ¿Quién iba a decir, no es la hija del rey?”. Amenhotep volvió a negarse zanjando así el asunto.
Estas damas aparecen fugazmente en el escenario de la historia, y desaparecen súbitamente (¿detrás de un nombre egipcio?), en los rincones del harén real.

Los jubileos del rey

Tres fueron los jubileos de renovación o festival-sed que celebró Amenhotep III, aproximadamente en los años 30, 34, y 37 de su reinado. Su primer jubileo, es el mejor documentado, se han encontrado jarras de vino procedentes Malqata, relieves en el templo del rey en Soleb, en el templo funerario de Kom el-Hetan, en el de Amenhotep hijo de Hapu y en tumbas de altos oficiales.

Esta ceremonia, puede remontarse hasta la I Dinastía, en ella se regeneraban las fuerzas místicas del faraón, para que pudiera seguir gobernando sin perder su potencia.
La primera etapa, consistía en reunir las estatuas de todos los dioses que moraban en los templos de Egipto en el lugar elegido para la celebración, construyendo santuarios individuales para cada uno de ellos en la explanada donde se celebraría el festival.
En las diferentes fases de la ceremonia de varios días de duración, el faraón cambiaba su vestimenta dependiendo de la fase.

El festival sed, comenzaba con las purificaciones rituales del rey. Los dioses salían en procesión procedidos de sus estandartes, tras ellos la corte, y por último el soberano en su palanquín precedido por flabelíferos. En los días sucesivos, el faraón visitaba uno por uno en procesión a todos los dioses en su propio santuario donde les realizaba ofrendas. A continuación volvía a repetirse la ceremonia de coronación, una vez para el Bajo Egipto y otra para el Alto Egipto, seguidamente un desfile de funcionarios se acercaba a rendir pleitesía al faraón. Posiblemente, entonces, sería el momento de realizar la carrera ceremonial por un patio que simbolizaba toda la tierra de Egipto, con un documento en la mano llamado “el secreto de los Dos Compañeros” o “el estamento de mi padre”, que significaba su legitimidad como monarca. Después de disparar flechas a los puntos cardinales y la erección del pilar djed, el festival finalizaría entre procesiones.

Anuncios

 
A %d blogueros les gusta esto: