2.-La educación de un joven príncipe

Sabemos, que el tutor de Amenhotep, recibió el nombre de Heqaerneheh, y que tanto él como sus hermanas, recibieron lecciones acompañados de otros niños, hijos de funcionarios relevantes, el resto es pura especulación basándonos en como debería ser una educación principesca en general.

Acostumbramos a tener la idea de la desnudez de los niños en el antiguo Egipto, y parece ser así, pero, ¿Y los príncipes?.

Estudios recientes de las prendas encontradas en el ajuar funerario de Tutankhamón, han podido determinar dos clases distintas de prendas, de adulto y de niño. Aproximadamente de las cincuenta prendas infantiles encontradas en su tumba, la mayoría eran una réplica de la de los adultos, tanto taparrabos, como sandalias, guantes, etc, además de una preciosa y elaborada túnica de lino creada para un niño de dos o tres años. Lo cual da a entender que la desnudez de los principitos sería únicamente ocasional.

El joven Amenhotep iría peinado con el típico mechón sujeto a uno de los lados de la cabeza. Es más, en uno de los relieves del templo de Luxor en el que está representado Amenhotep de niño tomando el pecho de una mujer, lo vemos con una única coleta vuelta al lado derecho de la cabeza.

En los palacios abundaban los juguetes, delicados objetos tallados para la diversión infantil. Juguetes con ruedas en forma de caballo o carro, barcas en miniatura con ariete y remos, de una de las cuales se ha conservado un ejemplar proveniente del palacio de Gurab, ¿jugó un Amenhotep niño con ella, la tuvo en sus manos?

Quizás también modelaban, hipopótamos, cocodrilos, monos y otras animales de apariencia tosca, hacen pensar que fueron modelados por los mismos niños.

También disfrutaría de la pintura, se ha conservado una paleta con su nombre. Consta de seis bloques ovalados de pinturas coloreadas en su interior, muy parecida a las usadas posteriormente por Tutankhamon, Meritaton y Maketaton.

Dentro de su aprendizaje, se encontraba la educación militar. Así que dentro de sus funciones tendría que aprender a manejar el carro y a utilizar el arco y las flechas.

En el templo de Medamut dedicado a Montu, se encuentra una inscripción que nos cuenta que Amenhotep III era un excelente tirador, ya que ninguno de sus súbditos fue capaz de emularlo atravesando con una flecha una diana de cobre.

En una estela en Guiza puede leerse que era “un joven de aspecto agradable, bien desarrollado y con gran fuerza física, nadie era capaz de doblar su arco ni de alcanzarlo a la carrera” y más adelante nombra su destreza con el remo y los caballos. La verdad es que no me lo creo mucho, no es que dude de su habilidad, pero ya conocemos el poder de la palabra escrita, y más cuando se trata de ensalzar al faraón, pero ahí está. Lo que nos da a entender que estaba iniciado o bien era un maestro en estas actividades en las cuales habría empezado a entrenarse en su niñez.

Las carreras a pie, la natación y la lucha libre, entrarían a formar parte también de estas actividades.

Le explicarían historias de Min, gobernador de This, famoso campeón de tiro al arco que había instruído en este arte al rey Aajeperure Amenhotep, su abuelo. Lo cual podemos contemplar en una escena de su tumba donde se le muestra enseñando al joven príncipe con la siguiente inscripción:

“Amenhotep, el hijo del rey, se deleita en la clase de tiro al arco en el patio del palacio de This. Min, le imparte una lección de tiro y le dice: ” Dirige el arco hacia tus orejas”

Leer y escribir, la música y las matemáticas, las cuales dicen los expertos eran uno de los pilares de la educación en el antiguo Egipto. Podemos comprobarlo en el papiro Rhind de la XVII Dinastía, ya que contiene ecuaciones que empleaban para el cálculo de superficies y medida de ángulos.

Saldría de caza en los pantanos del río persiguiendo con el lazo toros salvajes. Conocería los escritos de los antiguos sabios, quizás leería las hazañas del mago Dyedi, capaz de pegar cabezas cortadas con fórmulas mágicas, las de Dyadyaemank, que sabía meter la mitad de aguas de un estanque en la otra mitad, y atravesarlas así a pie enjuto. Contemplaría las estrellas, quizás esperando ver el cometa que cuentan apareció en los cielos en los tiempos de Tuthmés Menkheperra y cruzó los cielos procedente del sur emitiendo fuertes destellos.

Y como no, recibiría una educación religiosa aprendiendo así su propia divinidad, seguiría los ritos de culto cotidiano y el desarrollo de las fiestas religiosas. Escucharía las palabras del rey Jeti a su hijo Mekirare: “El rey debe ser el señor de la alegría. Si eres justo, podrás dormir gracias a tu fuerza. Sigue, pues, tus deseos. No habrá enemigos dentro de tus fronteras”.


 
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